Artículo: Orlando Martínez: 51 años de silencio que aún grita justicia
A 51 años del vil asesinato de Orlando Martínez, la República Dominicana sigue cargando una herida que, aunque parcialmente sanada en los tribunales, permanece abierta en la conciencia colectiva. Recordarlo no es solo un acto de memoria histórica, sino también un compromiso con la verdad, la libertad de expresión y la dignidad del periodismo.
Martínez fue mucho más que un periodista. Fue una voz incómoda para el poder, un crítico firme en tiempos en que disentir podía costar la vida. Desde su columna “Microscopio”, publicada en el periódico El Nacional, desnudaba las injusticias, denunciaba abusos y ponía en evidencia las sombras de un sistema que prefería el silencio a la transparencia.
El 17 de marzo de 1975, esa voz fue apagada a tiros en un crimen que estremeció al país. Su asesinato no fue un hecho aislado, sino el reflejo de una época marcada por la represión, la intolerancia política y la persecución de quienes se atrevían a pensar distinto. Fue un mensaje de terror: callar o morir.
Sin embargo, el tiempo ha demostrado que las ideas no se asesinan. Décadas después, su legado sigue vivo en cada periodista que investiga, en cada ciudadano que exige rendición de cuentas, en cada joven que decide alzar la voz frente a la injusticia.
Aunque años más tarde se lograron condenas contra algunos responsables, la justicia tardía no borra el dolor ni la indignación. Más bien nos obliga a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado —y cuánto falta por recorrer— en la construcción de una sociedad verdaderamente democrática, donde la crítica no sea castigada, sino valorada.
Hoy, al cumplirse 51 años de su asesinato, la figura de Orlando Martínez nos interpela. Nos pregunta si estamos defendiendo con firmeza la libertad de expresión, si protegemos a nuestros periodistas, si somos capaces de rechazar cualquier intento de silenciar la verdad.
Recordarlo no debe ser un acto rutinario ni simbólico. Debe ser un llamado a la acción. Porque mientras exista el miedo, la censura o la impunidad, su muerte seguirá siendo una deuda pendiente.
Orlando Martínez no murió en vano. Su historia nos recuerda que el periodismo valiente tiene un precio, pero también un poder inmenso: el de transformar sociedades.
Y ese, 51 años después, sigue siendo su legado más grande.
-El autor es miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y de la Sociedad Dominicana de Medios Digitales (SODOMEDI).

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