Titulares

Opinión: El Agua No Se Negocia

En San Juan, el agua no es solo un recurso: es identidad, sustento y futuro. Defenderla no es una opción ideológica, es un acto de supervivencia colectiva.


Por Vilmania Oviedo López

         _Periodista - Locutora - Mgtr. Industria del Entretenimiento_ 



Los sanjuaneros hemos construido, a lo largo de la historia, un profundo sentido de orgullo por nuestras riquezas naturales. Entre todas ellas, ninguna ha sido tan representativa como nuestras fuentes de agua. Nuestras montañas altas, verdes e imponentes, no solo enmarcan el paisaje, sino que también sostienen la vida misma. Son el origen de nuestros ríos, el pulmón de nuestra tierra y el reflejo de una relación armónica entre la naturaleza y nuestra gente.


Sin embargo, este patrimonio natural enfrenta hoy una amenaza que trasciende lo ambiental para convertirse en un problema de salud pública y de sostenibilidad humana. La actividad minera, aunque rentable para grandes corporaciones, conlleva riesgos ampliamente documentados: contaminación de fuentes hídricas, degradación de ecosistemas y afectaciones directas a la salud de las comunidades.


Permitir la explotación de nuestras montañas implica aceptar la contaminación de nuestros ríos, el deterioro del entorno de la Presa de Sabaneta y la pérdida progresiva de nuestras capacidades agrícolas. Significa también poner en riesgo la biodiversidad que nos caracteriza y comprometer, de manera irreversible, la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.


La inacción no es neutral. Permanecer en silencio o adoptar una postura pasiva frente a esta problemática equivale a legitimar sus consecuencias. No se puede permitir el daño y luego exigir justicia cuando sus efectos ya son irreparables.


Ante este escenario, surge una pregunta recurrente: ¿son necesarios más estudios medioambientales para comprender lo evidente? Más allá de los tecnicismos, existe una verdad fundamental: el agua y las montañas constituyen la base de nuestra existencia. Los recursos que garantizan la vida no pueden ni deben ser objeto de negociación.


El oro, por valioso que sea en términos económicos, carece de la capacidad de satisfacer las necesidades esenciales del ser humano. No sacia la sed, no limpia, no fertiliza la tierra ni sostiene ecosistemas. No genera vida.


No es casualidad que aproximadamente el 71% de la superficie del planeta esté cubierta de agua. Esta proporción no responde a un capricho, sino a una condición indispensable para la existencia de vida. Es precisamente la abundancia de agua lo que hace de la Tierra un espacio habitable.


En este contexto, la defensa de nuestros recursos hídricos no es solo una causa ambiental: es una responsabilidad ética, social y generacional. San Juan no puede, ni debe, renunciar a su esencia.


_El agua no se vende. Se protege. Se defiende. Se honra._

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