Opinión: En defensa de los trabajadores de la prensa más allá de los títulos
Por Alfredo del Valle
En los últimos tiempos, en la filial San Juan del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, ha surgido una discusión que, lejos de fortalecer el ejercicio de la comunicación, amenaza con dividir a quienes día a día sostienen el flujo informativo en nuestra sociedad, se trata de una controversia innecesaria, el intento de desmeritar la labor de trabajadores de la prensa por no poseer un título específico en periodismo, frente a quienes sí lo tienen dentro de la carrera de Comunicación Social.
Conviene empezar por aclarar conceptos.
Un licenciado en Comunicación Social es un profesional formado en los procesos de comunicación en sentido amplio, medios, mensajes, audiencias, estrategias y lenguajes, por su parte, el licenciado en Comunicación Social mención Periodismo ha recibido una especialización enfocada en la investigación, redacción y difusión de noticias bajo criterios éticos y técnicos propios del periodismo, ambos perfiles son valiosos, complementarios y necesarios.
Ahora bien, la práctica comunicacional en la vida real va mucho más allá de un título, la prensa no es solo el periodista, es también el fotógrafo que captura la historia en una imagen, el camarógrafo que documenta la realidad en movimiento, el locutor que transmite la información, el técnico de control máster que hace posible la emisión, el chofer que llega al lugar de los hechos, el mensajero, la secretaria y todos los que, de forma articulada, hacen posible que la información llegue al pueblo.
Como bien expresó Gabriel García Márquez, “el periodismo es el mejor oficio del mundo”. Pero ese “oficio” no se sostiene únicamente desde la teoría académica, sino desde la práctica constante, el compromiso y la responsabilidad social.
Asimismo, el pensador Marshall McLuhan afirmaba que “el medio es el mensaje”, recordándonos que cada rol dentro del sistema comunicacional tiene un impacto en cómo se construye la realidad.
Desacreditar a trabajadores de la prensa por no poseer una mención específica no solo es injusto, sino también peligroso. Es abrir la puerta a la exclusión, al elitismo y al debilitamiento de un gremio que históricamente ha luchado por el reconocimiento y la dignidad de todos sus miembros. Más aún cuando muchos de estos trabajadores poseen formación en otras áreas, maestrías y una vasta experiencia que los convierte en comunicadores eficientes y respetados.
Resulta preocupante que estos ataques no sean generalizados, sino selectivos, y esto deja entrever que no se trata de una defensa genuina del ejercicio profesional, sino de una práctica dirigida a debilitar a ciertos sectores, mientras otros permanecen intocables.
La comunicación es un derecho, pero también una responsabilidad compartida. Nadie “usurpa” funciones cuando ejerce su labor con ética, capacidad y respeto, al contrario, la diversidad de perfiles fortalece el ecosistema mediático y permite una cobertura más amplia y humana de la realidad.
Hoy más que nunca, los trabajadores de la prensa deben mantenerse firmes, unidos y enfocados en su misión, informar, educar y servir a la sociedad.
Los títulos académicos son importantes, pero no pueden convertirse en herramientas de exclusión ni de humillación.
Porque al final, no se trata de quién tiene más, sino de cuánto aportamos.
Y en eso, los trabajadores de la prensa han demostrado, una y otra vez, que su aporte es invaluable.
Y es oportuno recordar algo que muchos parecen haber olvidado, antes de ser periodistas o licenciados en comunicación social, también enfrentaron rechazo, críticas y barreras.
En esos momentos, fue precisamente este gremio el que les abrió las puertas, el que los defendió y les brindó espacio para crecer.
Resulta contradictorio que hoy algunos de esos mismos actores se conviertan en verdugos de la organización que los acogió.
La grandeza profesional no se mide solo por un título, sino también por la memoria, la lealtad y el respeto hacia quienes fueron parte del camino que les permitió convertirse, con su propio esfuerzo, en lo que hoy son.
Que vivan los trabajadores de la prensa, que viva el glorioso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa Filial San Juan.

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